Silencio absoluto.
Un matemático se acercó. Luego otro. Un tercero sacó el celular y empezó a verificar.
Pasaron diez segundos.
Luego veinte.
Álvaro dejó de sonreír.
—Es correcto —dijo alguien con voz temblorosa—. No solo es correcto… es más eficiente que nuestro modelo actual.
El auditorio explotó.
Davi no sonreía. Miraba la pizarra como si fuera normal.
Álvaro se acercó.
—¿Dónde aprendiste eso?
—En la basura —respondió Davi—. Donde nadie mira.
El empresario tragó saliva.
—El dinero es tuyo —dijo, tenso—. Diez millones.
Davi lo miró a los ojos.
—No los quiero.
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