Porque la verdad era simple:
Nadie es dueño de nadie.
Ese nunca fue el problema.
La verdadera pregunta era si alguien podía estar a tu lado con respeto, honestidad y cariño.
Y si no podían…
Si te querías lo suficiente como para alejarte.
Lo hice.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Me elegí a mí misma.
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