Otro signo visible es la coloración ocular. Si la parte blanca del ojo se torna rojiza, puede deberse a una irritación pasajera, pero si el enrojecimiento persiste, podría tratarse de una infección, inflamación o incluso un glaucoma, una afección que puede llevar a la ceguera si no se trata. Por otro lado, una esclerótica de tono amarillento es un indicativo claro de ictericia, lo que sugiere problemas hepáticos. Este síntoma aparece cuando hay acumulación de bilirrubina, generalmente como resultado de hepatitis, enfermedades autoinmunes o trastornos metabólicos.
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