Nunca le dije a mi esposo que yo era la multimillonaria silenciosa dueña de la empresa que él celebraba. Para él, solo era su esposa "fea y agotada" que había "destrozado su cuerpo" tras dar a luz a gemelos. En la gala de su ascenso, yo sostenía a los bebés cuando me empujó hacia la salida. "Estás hinchada. Estás arruinando la imagen. Escóndete", se burló. No lloré ni discutí. Dejé la fiesta... y su vida. Horas después, mi teléfono sonó: "El banco me ha congelado las tarjetas. ¿Por qué no puedo entrar a casa?"

Un instante.

Lo suficientemente largo para doler.

 

Es mi hogar.

Es mi empresa.

Es mi imagen.

Y, francamente, ya no encajas con la estética.

El video terminaba con el logo de Vertex y una frase distintiva: Ava Vance, accionista mayoritaria.

Escena 11: La farola, la pantalla y la caída
El teléfono de Liam se le resbaló de la mano y se hizo añicos contra el pavimento, formando una red de vidrio en el último fotograma.
Miró hacia abajo como si esperara que las grietas invirtieran el tiempo.

Entonces, la gigantesca pantalla LED en el lateral del hotel se encendió.
El anuncio ya estaba en marcha.

ÚLTIMA HORA: El director ejecutivo de Vertex, Liam Sterling, es destituido por su esposa y propietaria, Ava Vance.

Los paparazzi que estaban recogiendo se detuvieron a mitad de camino.
Vieron la pantalla, luego vieron a Liam varado debajo.

Los destellos estallaron como una tormenta de la que no pudo escapar con palabras.

Esta vez, no sonrió.

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