Objetos que no deben colocarse en un ataúd según las creencias religiosas y las tradiciones espirituales.

¿Por qué se cometen estos errores? Casi siempre por tres razones:

Desconocimiento: se repiten costumbres heredadas sin conocer su origen.

Duelo: la mente busca "hacer algo" para calmar la angustia.

Superstición: se confunde la fe con rituales mecánicos.

Y esto es lo que debe abordarse con calma: la fe no opera a través de objetos, sino a través del amor, la oración y la verdad.

Consejos y recomendaciones
Conversen en familia de antemano (si es posible): dejar claro que no quieren dinero, joyas ni objetos personales en el ataúd evita conflictos y culpabilidades posteriores.

Si ya ha sucedido y se han depositado objetos en el ataúd, no tengan miedo: concentren sus energías en lo que sí ayuda: la oración, el servicio, la caridad y el apoyo familiar.

En el velatorio, eviten convertir la despedida en un "museo de pertenencias". Una despedida digna es sobria y humana.

Si la familia tiene dudas, lo más sensato es consultar a un líder religioso de confianza de su comunidad.

En lugar de gastar dinero en objetos para "enterrar", consideren hacer algo mejor: ayudar a alguien necesitado en memoria del difunto. Esto reconforta a los vivos y honra al fallecido.

Despedirse de un ser querido no se trata de "prepararlo" para el más allá, sino de acompañarlo con fe y dejarlo partir sin cargas. Lo que sostiene el alma no son las posesiones materiales: es la oración, el amor, la misericordia y la esperanza. Y lo que sana a los vivos no es aferrarse a las cosas, sino aprender a soltar en paz.

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