Ocho años después de la desaparición de su hija, una madre reconoce su rostro tatuado en el brazo de un hombre. La verdad detrás de la imagen la dejó sin aliento.

La policía tomó nota de la información y acordó ayudar con la verificación. La señora Elena también comenzó a preguntar a su alrededor, pidiendo a los vendedores de tacos y a los conductores de pesero (autobús pequeño) que estuvieran atentos.

Una semana después, recibió una noticia inesperada de un conductor de pesero: había visto al grupo de jóvenes reunido en una pequeña fonda cerca de la gran estación de autobuses TAPO. La señora Elena corrió hacia allí, pero cuando llegó, ya se habían ido. Sin embargo, el dueño del restaurante le dijo que solían visitarlo, y que el hombre del tatuaje se llamaba Ricardo (o Rico), de unos 30 años, y trabajaba como conductor de camiones de larga distancia.

La señora Elena continuó su búsqueda con tenacidad. Después de esperar varios días en el pequeño restaurante, finalmente se encontró con Ricardo. Era la misma camioneta vieja, el mismo brazo con el tatuaje de la niña. Se arriesgó a acercarse, se paró frente a la puerta del restaurante, con una mirada temblorosa pero decidida:

— Joven, por favor, dime la verdad… El tatuaje en tu brazo, ¿quién es?

Ricardo se sobresaltó, pero luego suspiró, su rostro denotaba cansancio y algo de remordimiento. Dudó un momento y luego dijo en voz baja:

— No me pregunte más, señora. Solo quiero recordar a alguien que conocí.

La señora Elena suplicó:

— Te lo ruego. Perdí a mi hija en Puerto Vallarta hace ocho años. Miro ese dibujo… y es idéntico a ella. Por favor, si sabes algo, dímelo.

Ricardo trató de evadirla, pero al ver las lágrimas de la madre, su expresión se volvió pesada. Permaneció en silencio por un largo rato, luego susurró:

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