Orégano: Sanadora pequeña pero poderosa de la naturaleza

Hay algo profundamente satisfactorio en salir al jardín, cortar unas ramitas de una planta que has cuidado y añadirlas directamente a tu comida. Estás participando en una tradición que se remonta a la antigua Grecia, a los monasterios medievales, a todas las abuelas que alguna vez insistieron en que "un poco de orégano lo arregla todo".

Y no se equivocaba.

En resumen
El orégano no es un milagro. No curará el cáncer, no revertirá enfermedades crónicas ni reemplazará la medicina moderna. Pero es un ejemplo notable de cómo algo pequeño, común y que a menudo pasa desapercibido puede ofrecer un apoyo profundo, suave y legítimo a nuestro organismo.

Es antimicrobiano y antiinflamatorio. Rico en antioxidantes y beneficioso para la salud intestinal. Cuesta casi nada, tiene un sabor delicioso y ha sido utilizado por sanadores durante miles de años.

Esto no es magia. Es la ciencia poniéndose al día con la tradición.

Así que la próxima vez que busques ese pequeño frasco en tu especiero, detente un momento. Reconoce el poder silencioso de esas diminutas hojuelas verdes. Y luego espolvorea generosamente.

Tu cuerpo —y tu paladar— te lo agradecerán.

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