Para Año Nuevo, deliberadamente no hice una ensalada con caviar rojo,

"Entonces, ¿crees que todo será como tú quieres ahora?" Su voz temblaba, no de miedo, sino de tensión.
"No, mamá", respondió Dasha, "son más bien tus reglas. Yo elijo las mías".
Víctor le tomó la mano y la apretó entre las suyas:
"Estamos juntos. Eso es lo importante".
Seryozha, habitualmente irritante con su ruido, miró a Dasha en silencio y asintió. Ira retrocedió un poco y Tamara continuó masticando su sándwich, pero sin su habitual descaro.
Galina Nikolaevna desdobló la servilleta en silencio y colocó los cubiertos con cuidado. Dasha notó cómo el brillo cálido en sus ojos daba paso a algo parecido a la contemplación.
"De acuerdo", dijo finalmente su suegra en voz baja. "Que así sea. Si no es 'Real', entonces no es 'Real'". Pero... pondremos la mesa como es debido.
"Gracias, mamá", dijo Dasha en voz baja, sintiendo que la tensión se aliviaba poco a poco. La nieve seguía cayendo fuera de las ventanas, y ahora no parecía fría, sino suave y relajante. Dasha se dio cuenta: este Año Nuevo no se trataba de ensaladas ni tradiciones, sino de límites y de las decisiones que finalmente se había permitido tomar.
Los invitados comenzaron a relajarse poco a poco. Seryozha habló con Ira, Viktor ayudó a Dasha a poner la mesa, y Tamara, al darse cuenta de que sus roles habituales se habían visto alterados, rió disimuladamente para sí misma.
Y por primera vez en muchos años, Dasha sintió que la fiesta era realmente suya.

La velada adquirió gradualmente un ritmo inesperado. Galina Nikolaevna se sentó a la mesa, mirando a Dasha de vez en cuando. El rostro de su suegra carecía del esnobismo habitual, solo una ligera tensión y algo parecido al respeto; la primera vez en muchos años.
"Bueno...", dijo, sirviéndose una ensalada. "Puede que no tenga caviar, pero... Es precioso. Te esforzaste mucho, Dasha.
Dasha asintió levemente, sonriendo: era una confesión pequeña pero significativa. Ira, que solía señalar cada defecto en voz alta, ahora observaba a la hermana de su marido con interés:
"Sabes, Dasha...", empezó, jugueteando con el tenedor, "has... cambiado mucho. Pensé que siempre serías callada y obediente. Pero hoy... nos miras como... como gente común".
"Simplemente decidí ser yo misma", respondió Dasha con calma.
Seryozha, normalmente lleno de su petulante presunción, dijo por primera vez:
"Sí, mamá, creo que Dasha tiene razón. Todos nos hemos acostumbrado demasiado a las viejas reglas. Año Nuevo es una gran excusa para empezar de nuevo".
Tamara, masticando ruidosamente el trozo de sándwich que quedaba, también asintió:
"Vale, lo admito... me he ganado un poco de respeto".

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