Helena sonrió levemente.
Esa sola declaración fue oro.
La investigación que siguió no fue drástica. Fue administrativa, precisa y devastadora. El banco verificó transferencias no autorizadas vinculadas a dispositivos vinculados a mi madre. Las facturas llevaban el nombre de mi hermana.
Mi madre intentó comportarse como una víctima durante la mediación.
"Siempre ha sido resentida", dijo. "Siempre queriendo destacar".
Helena puso las pruebas sobre la mesa: registros de transacciones, facturas, grabaciones de audio.
Mi hermana murmuró: "No lo sabía", pero ni siquiera ella parecía convencida.
Mi padre finalmente habló.
"¿Qué quieres, Alyssa?"
"Quiero que me lo devuelvan", respondí. "Una orden de alejamiento si vuelve a amenazarme. Y quiero que mi nombre sea eliminado de todo lo que no sea mío".
Mi madre rió con fuerza.
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