Se estremeció.
"¿Cómo sabe quién soy?"
"Soy Zara", respondió. "Y sé adónde vas corriendo".
Pavel aferró el volante.
"Escucha, no tengo tiempo para acertijos".
Se inclinó hacia delante. El bebé se movió, pero no se despertó.
"Mañana estarás descuartizando a Belov. El rico. El importante. Todos estarán mirando".
Un escalofrío le recorrió la espalda.
"Esto ya no tiene gracia. ¿Quién te lo dijo?"
"No lo descuartices", susurró. "Vuelve a revisar las pruebas. Delante de todos. Lo que veas lo cambiará todo".
El coche se detuvo en un cruce. Pavel quiso decir algo, pero la mujer ya había abierto la puerta. Salió, desapareciendo bajo la lluvia, como si nunca hubiera estado allí. Solo el olor permaneció en el coche unos segundos.
Maldijo, golpeó el volante con la mano y siguió conduciendo, convenciéndose de que todo aquello era cansancio, estupidez, un accidente.
No había dormido bien esa noche. Soñó con papeles manchados de sangre y el llanto de un niño. Por la mañana, lo atribuyó a los nervios.
El quirófano estaba iluminado y estéril. El equipo se preparaba. Belov yacía en la mesa, seguro, tranquilo, con esa sonrisa de hombre acostumbrado a que el mundo trabajara para él.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
