Pavel Romanov siempre se consideró racional.

Comenzó la investigación. Una urgente, delante de todos. En una hora, quedó claro: el paciente estaba equivocado. La historia clínica no era suya. El verdadero Belov tenía cita para una revisión de rutina en una semana. Y en la mesa yacía su chófer: un hombre sin seguro, sin dinero, con el mismo diagnóstico, pero sin derecho a una operación gratuita.

El plan era simple y monstruoso. Un hombre rico "pagó" el tratamiento, pero alguien más pasó por el quirófano. Si algo salía mal, nadie buscaría la verdad.

El escándalo fue muy sonado. Inspecciones. Casos. Arrestos.

Pavel se sentó en la oficina vacía y miró por la ventana. Le temblaban las manos.

Unos días después, la volvió a ver. En la entrada del hospital. Zara estaba de pie con la bebé, sonriendo.

"Hizo lo correcto, doctor".

"¿Quién es usted?", preguntó con voz ronca.

Ella lo miró directamente a los ojos.

"La que me llevó. Y la que también salvó".

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