"Doctor Romanov", dijo Zara, "Sabía que no me decepcionaría. Esto es importante. A veces solo vemos una parte del panorama. Pero usted es quien lo ve todo".
Pavel sintió una opresión en su interior: alegría, alivio, una extraña sensación de deber sagrado, todo a la vez.
"¿Por qué... por qué me ayudó?", Pavel no pudo evitar preguntar.
"Porque", dijo Zara, "el mundo es tal que a veces incluso el más mínimo susurro puede salvar una vida. Y a veces, el destino obliga a una persona a elegir: consultar documentos o escuchar a su corazón".
Belov asintió. Pavel comprendió: la riqueza, el poder y el dinero no tienen nada que ver. Lo que importa es la vida humana y la honestidad.
A partir de ese día, el médico cambió. Dejó de ver a los pacientes como números y diagnósticos. Cada historia clínica, cada prueba, cada respiración adquirió significado para él. Empezó a enseñar a los jóvenes cirujanos no solo la técnica, sino también la atención al detalle, a los pequeños detalles que podían salvar vidas.
Pasó un año. Pavel recordaba a Zara y a su bebé. A veces los veía por la calle; desaparecían tan repentinamente como habían aparecido. Pero cada vez que los veía, la sensación de que iba por buen camino persistía en su corazón.
Un día, Pavel estaba sentado en su despacho, revisando historias clínicas antiguas de pacientes. Su mirada se posó en uno: Belov. Sonrió. La vida, como antes, estaba llena de azares, pero ahora lo sabía: a veces el destino susurra a través de personas al azar, y es crucial escuchar.
Y cuando Pavel salió de la clínica esa noche, llovía afuera. Los charcos brillaban, las farolas se reflejaban, el viento helaba los huesos; todo estaba exactamente igual que el día que Zara se subió a su coche. Hizo una pausa, sonrió y siguió adelante, sabiendo que ahora nunca se perdería lo verdaderamente importante.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
