Era la furia.
Una ira silenciosa y devoradora se instaló en lo profundo de mi pecho, apartando el dolor crudo del dolor y reemplazándolo con algo más oscuro, más pesado y mucho más peligroso.
Creían que yo era Elena: la bibliotecaria huérfana sin familia, sin poder, sin futuro. La mujer que había "engañado" a Roberto con amabilidad y sencillez. Vieron a una cazafortunas fracasada que había perdido su oportunidad porque la muerte llegó antes de que pudiera escribir su testamento.
Para ellos, yo estaba sola.
Rota.
Derrotada.
Y sí, estaba destrozada.
Pero no era impotente.
Lo que Berta, Carlos y Lucía no sabían era que el silencioso bibliotecario al que acababan de echar bajo la lluvia tenía un secreto. Un secreto guardado en cajas de seguridad en Suiza, Luxemburgo y las Islas Caimán. Un secreto que valía 2.800 millones de dólares.
Mi verdadero nombre no era solo Elena.
Soy Elena Van der Hoven, la única heredera del mayor imperio del litio y las telecomunicaciones de Europa.
Me escondí para encontrar el amor verdadero. Alguien que no me viera como un simple número. Alguien que no quisiera mi apellido ni lo que este pudiera comprar. Y lo encontré: Roberto Garza, con su sonrisa cansada y sus manos manchadas de tinta y trabajo. Me amaba por quien era. Lo amaba por cómo me hacía sentir segura.
Pero su familia… su familia acababa de cometer el error más caro de sus vidas.
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