Pensaron que no valía nada después de la muerte de mi marido. Se equivocaron sobre mi secreto de 2.800 millones de dólares.

—Siéntate, Berta. Y cállate. Estoy aquí representando a Vanguardia Holdings. Los inversores que esperabas desesperadamente para salvar este barco que se hunde.

Carlos palideció.

—¿Trabajas para ellos? ¿Te contrataron como… secretaria?

Lo miré directamente a los ojos.

—No, Carlos. Yo soy ellos.

Lucía soltó una risita nerviosa.

—Ay, Elena. Eres una bibliotecaria mediocre. Roberto te recogió en la calle.

—Roberto me quería —corregí, y algo dentro de mí se quebró al oír esa frase, pero no me dejé desmoronar—. Y oculté quién era para asegurarme de que me quisiera a mí, no a esto.

Toqué la tableta y proyecté un extracto bancario. No la que compartí con Roberto. La mía.

La cifra llenó la pantalla como un puñetazo:

$2,800,000,000.00

Carlos jadeó, jadeando. Berta se agarró a la mesa para no caerse.

“Eso… eso es imposible”, balbuceó.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.