Casi al final del servicio, Klaus la llamó como si fuera un mueble por el que había pagado.
Señaló una silla vacía.
"Siéntese."
Iris permaneció de pie. "Estoy trabajando, señor."
La sonrisa de Klaus se enfrió. "Le ofrezco un trabajo mejor. Triple paga. Trabajo discreto. Sin dramas."
No era generosidad. Iris podía sentir el gancho bajo la seda.
"Gracias", dijo con voz serena. "Pero no."
La risa de Leon fue cortante. "¿Acaba de decir que no?"
Klaus se inclinó hacia delante, entrecerrando los ojos como si la negativa lo ofendiera personalmente.
"No entiende su posición", dijo. "La gente como usted no le dice que no a gente como yo."
Iris se mantuvo firme. —Entonces me has malinterpretado.
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