Pidió en alemán solo para humillar a la camarera, riéndose de que "chicas como ella" jamás comprenderían una verdadera educación. Iris Novák se limitó a sonreír y le sirvió el vino impecablemente, porque habla siete idiomas y entendió cada insulto, incluido su plan de recortar la atención hospitalaria "poco rentable" que mantiene con vida a su abuela. Cuando la amenazó en alemán, ella respondió con perfecta fluidez, silenciando a la mesa. Esa noche, su abuela abrió una vieja carpeta con enlaces ocultos a su familia, e Iris se dio cuenta de que un solo idioma no solo desenmascararía a un millonario... sino que revelaría la verdad sobre su madre.

Casi al final del servicio, Klaus la llamó como si fuera un mueble por el que había pagado.

Señaló una silla vacía.

"Siéntese."

Iris permaneció de pie. "Estoy trabajando, señor."

La sonrisa de Klaus se enfrió. "Le ofrezco un trabajo mejor. Triple paga. Trabajo discreto. Sin dramas."

No era generosidad. Iris podía sentir el gancho bajo la seda.

"Gracias", dijo con voz serena. "Pero no."

La risa de Leon fue cortante. "¿Acaba de decir que no?"

Klaus se inclinó hacia delante, entrecerrando los ojos como si la negativa lo ofendiera personalmente.

"No entiende su posición", dijo. "La gente como usted no le dice que no a gente como yo."

Iris se mantuvo firme. —Entonces me has malinterpretado.

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