"¿Qué dijo?", preguntó.
Iris tragó saliva. "Cree que no lo entiendo".
El chef Benoît frunció el ceño. "¿Y tú?"
Iris lo miró a los ojos. "Cada palabra". Por primera vez esa noche, sintió el latido de su propio corazón como una batería.
El momento en que eligió su voz
Casi al final del servicio, Klaus la llamó como si fuera un mueble por el que había pagado.
Señaló una silla vacía.
"Siéntese."
Iris permaneció de pie. "Estoy trabajando, señor."
La sonrisa de Klaus se enfrió. "Le ofrezco un trabajo mejor. Triple paga. Trabajo discreto. Sin dramas."
No era generosidad. Iris podía sentir el gancho bajo la seda.
"Gracias", dijo con voz serena. "Pero no."
La risa de Leon fue cortante. "¿Acaba de decir que no?"
Klaus se inclinó hacia delante, entrecerrando los ojos como si la negativa lo ofendiera personalmente.
"No entiende su posición", dijo. "La gente como usted no le dice que no a gente como yo."
Iris se mantuvo firme. —Entonces me has malinterpretado.
Klaus volvió a hablar en alemán, lento y frío, con la intención de caer como una bofetada.
—Te arrepentirás de esta noche. Puedo asegurarme de que no vuelvas a trabajar en esta ciudad.
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