Por la mañana vendió la herencia y desapareció.

Etapa 4. El baño, donde las ilusiones se desmoronan y la palabra «herencia» se recuerda.
Entré al baño de mujeres, me encerré en el cubículo y me quedé allí parado. Mi corazón latía con fuerza, pero como a un ritmo diferente.

—Mamá no está orgullosa...

Y realmente no estoy orgulloso. Podría soportar mucho. Aguanté. Por él. Para que pudiera vivir una vida mejor.

Pero llega un momento en que la falta de orgullo se convierte en falta de humanidad. Y ya no pude soportarlo.

Vi mi rostro en el espejo: cansancio, labios finos, ojos que habían visto demasiado. Recordé a mi esposo, el difunto Dmitry. Murió repentinamente, dejándome no millones, sino algo que Seryozha siempre llamó "mi futuro".

El garaje. Y dentro, el viejo pero bien cuidado Volga de mi padre. Dmi

Triy amaba este coche como si estuviera vivo. Antes de morir, me dijo:

"Lena, no se lo des a Seryozha de inmediato. Que aprenda a respetarlo primero. Una herencia no es un regalo. Es una responsabilidad".

Seryozha conocía el Volga. Solía ​​decir:
"Mamá, sigue siendo mío. Es de papá. Mi parte".
Y cada vez que necesitaba dinero, pensaba en él, como un saco que se podía desatar.

Hoy, por fin, me demostró que para él, "no soy orgullosa", "lo terminaré", "no me desmoronaré".

Me miré y le dije en voz baja a mi reflejo:

"Me desmoronaré si sigo igual. Por eso me voy".

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