Etapa 5. Una salida silenciosa y un regalo que nadie notó
Regresé al recibidor, cogí mi bolso y me acerqué sigilosamente a la mesa de Sergey. Estaba ocupado: riendo con su suegro, bebiendo coñac caro, escuchando alguna anécdota sobre cómo "hacer buenos contactos".
Le puse un sobre pequeño cerca del codo. Contenía dinero, el mismo que él había "desembolsado" por el vestido. Cinco mil. No quería deberle ni siquiera eso.
Seryozha lo miró brevemente:
"¿Qué es esto?"
"Lo devolví", dije con calma. "No me gusta tener deudas".
Frunció el ceño, como alguien a quien le están arruinando la imagen.
"Mamá, ¿te ofendiste o algo? ¿Hablas en serio? Son... vacaciones..."
Sonreí en voz baja, con cansancio.
"Vacaciones, sí. Solo que no son mías".
Kristina giró la cabeza:
"Elena Dmitrievna, ¿ya te vas? Ah... bueno, es un poco... temprano".
Su tono era cortés, pero el alivio se reflejaba en sus ojos. "Sí", asentí. "Llego temprano mañana".
Seryozha se encogió de hombros, como si todo se hubiera decidido solo:
"De acuerdo, entonces". ¿Llamo un taxi?
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