Representa una relación diferente con el tiempo.
Dejar que el cabello se vuelva gris a menudo refleja un cambio psicológico: de resistirse a las etapas de la vida a integrarlas. De esforzarse por ser visto como joven a permitirse ser visto como una persona completa.
Esta forma de relacionarse con el tiempo puede inquietar a quienes aún luchan contra él. Introduce una narrativa diferente: una en la que el valor no está ligado a la juventud, y la identidad no se congela en su versión más socialmente recompensada.
Para quienes no están listos para adoptar esa narrativa, la presencia de alguien que ya lo ha hecho puede resultar desestabilizadora.
La incomodidad rara vez tiene que ver con el cabello.
En última instancia, quienes se dejan el cabello gris no incomodan a los demás por su color o estilo. Incomodan a los demás porque encarnan algo discretamente radical: aceptación sin disculpas.
Reflejan autonomía. Exponen ansiedades culturales. Rompen las expectativas sin pedir permiso.
Y en un mundo basado en el rendimiento, la resistencia (incluso la resistencia silenciosa) rara vez pasa desapercibida.
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