Reí entre lágrimas y le tomé la mano por largo rato.
Porque al fin entendí:
La felicidad no viene de encontrar a alguien perfecto, sino de ser amado por alguien que te ama con todo, incluso con sus defectos.
Epílogo
La gente decía que yo me casé “por resignación”.
Pero solo yo sé que, bajo aquella sábana de nuestra noche de bodas, se escondía un corazón inmenso.
Y yo, la mujer de 40 años que creía haber olvidado cómo amar, aprendí la lección más simple:
“A veces, la felicidad no está en elegir a quien más brilla, sino en quedarse con quien más te ama.”
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
