Vera se acercó lentamente a la silla y se sentó. No porque estuviera de acuerdo, sino porque se dio cuenta de que si se iba ahora, la harían pasar por "psicópata". Y estaba harta de ser un blanco fácil.
Decidió: bien. Que hubiera cena. Pero sería la última, donde su silencio se pagaría con sonrisas.
Etapa 4: Pidieron todo, menos respeto. El menú daba vueltas, como si Vera no estuviera en la mesa.
La suegra pidió "para todos": aperitivos caros, mariscos, postres, vino. "Pidamos algo rico, ¿no somos humanos?"
Alina, sin pestañear, señaló:
"Y yo tomaré esto. Y un filete. Y también... una botella de Prosecco. Al fin y al cabo, es una celebración".
Maxim sonrió, asintió, asintió, y se animó. Estaba muy animado con ellos, y muy rígido con Vera.
Vera pidió pasta y agua.
"¿Por qué tanta modestia?", preguntó su suegra, al verla por fin. "Al menos pide el risotto, ¿qué te pasa?"
"Con eso me basta", respondió Vera secamente.
Observó a Maxim reírse de los chistes de su padre, alisar la servilleta de su madre y acercarse a su hermana para enseñarle algo en su teléfono.
Y lo tuvo claro: él no solo "no entendía". Estaba eligiendo.
Estaba eligiendo ser un hijo, no un esposo.
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