Pero recuerda esto: si eliges esta mesa ahora, mañana no me elegirás a mí".
Maxim se quedó paralizado. Su rostro tenía la misma expresión que Vera había visto mil veces: "No sé qué hacer", "Todos quieren algo de mí", "Mejor me callo".
Y en ese momento, Vera se dio cuenta: él no cambiaría por hablar.
Solo cambia por la pérdida.
Se fue.
Etapa 8: El esposo regresa tarde y no ofrece disculpas, sino quejas.
Maxim llegó dos horas después. Abrió la puerta con llave, como si aún tuviera la situación bajo control.
"¡¿Qué has hecho?!", exclamó. "¡Mamá está en shock! ¡Papá está enfadado! Mi hermana incluso dijo que tú...".
Vera estaba sentada en la cocina con una taza de té. Tranquila. Como una mujer que ya no tenía miedo.
"¿Decidiste quedarte?", preguntó.
Maxim hizo una pausa.
"Yo... bueno... debería haber... ellos...".
"Lo entiendo", asintió Vera. "Deberías haberlo hecho." Y no me debes nada, ¿verdad?
Maxim se enfureció:
"¿Qué tiene que ver 'deber' con esto? ¡No lo entiendes! ¡Esto es familia!"
Vera dejó lentamente su taza.
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