Publiqué mis fotos de boda en Facebook por primera vez. Al día siguiente, un desconocido me envió un mensaje: "¡Huye de él!".

Su casa era pequeña, amarilla, con la pintura descascarada, pero olía a canela y manzanilla. Me abrazó hasta que mis hombros finalmente se relajaron.

"Lo dejé todo. No sé qué hacer."

"No fallaste", dijo. "Viste la verdad y te elegiste a ti misma."
"¿Qué pasa ahora?"

"Empiezas de nuevo, con las luces encendidas."

Más tarde, en casa de Kayla, me inundaron los mensajes.

"Esa historia nunca tuvo sentido."

"¿Es ese Ben?"

"Descansa en paz, Rachel."

Incluso uno de sus compañeros de trabajo escribió:
"No sabía que salía con alguien."

Ben llamó. Lo ignoré.

Me envió un mensaje:
"Podemos arreglar esto. Te quiero".

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