—¿Qué pasa? —pregunté, sintiendo un escalofrío recorrer mi cuerpo.
—¿Dónde está Lucas?
—Con tu madre —respondió con voz ronca.
Me acerqué y vi un papel sobre la mesa. —¿Esto… qué?
Levantó la cabeza. Tenía los ojos rojos y los labios temblorosos.
—Una prueba —dijo con dificultad—. De ADN.
En el papel, números, fríos, implacables.
Probabilidad de paternidad: 0%.
El mundo se me vino abajo.
—No… esto es un error. ¡Es imposible! —Apenas podía hablar.
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