Contuve la respiración. Mis ojos se abrieron como platos al ver su contenido. No era solo dinero. Dentro de la caja fuerte había fajos de billetes, quizás unos 10.000 euros en efectivo. Pero no fue eso lo que hizo hervir mi sangre. Encima de los billetes había dos pequeños libros, uno de color verde oscuro y otro granate: un libro de familia y, debajo, un certificado de matrimonio secreto.
Mis manos temblaron al coger los documentos. Los abrí. La foto de Ricardo y Laura, uno al lado del otro con un fondo azul, sonriendo ampliamente. La fecha de su boda constaba de hacía dos años.
—Dos años… —siseé.
Una lágrima cayó sin permiso, aterrizando justo sobre la cara de Ricardo en la foto. Dos años durmiendo junto a un traidor, dos años financiando la vida de su segunda esposa sin saberlo.
Debajo del certificado encontré una pequeña libreta negra, un libro de contabilidad. La abrí. Contenía la pulcra caligrafía de Ricardo.
“Enero 2023. Retirado efectivo proyecto Segovia: 2.500€. Ingresado en cuenta de Laura. Compra collar.”
“Marzo 2023. Sobrecoste proveedor catering oficina: 800€. Entrada coche para la hermana de Laura.”
“Junio 2023. Venta anillo diamantes de Sofía (supuestamente perdido): 10.000€. Para vacaciones en Ibiza.”
Se me cortó la respiración. Mi pecho se oprimía dolorosamente. El anillo de mi abuela perdido hacía un año… Ricardo dijo que probablemente se me cayó al lavarme las manos en un centro comercial. Incluso fingió pánico mientras me ayudaba a buscarlo. Resulta que él lo había robado. Vendió la herencia de mis antepasados para financiar unas vacaciones para esta prostituta.
La ira que ardía en mí se convirtió en un frío mortal. Ya no sentía tristeza, sentía asco. Cogí mi teléfono, fotografié todas las páginas de la libreta, el certificado de matrimonio secreto y los fajos de dinero. Esto no era solo una prueba de infidelidad, era una prueba de un delito: malversación de fondos, robo en el hogar y falsificación de informes financieros.
—No solo te quedarás en la ruina, Ricardo —le susurré a la libreta negra—. Te pudrirás en la cárcel.
Vacié el contenido de la caja fuerte, metiendo el dinero, los documentos y algunas joyas de oro que había allí en mi maletín de trabajo. Cuando salí de la habitación, el salón ya estaba completamente vacío. Héctor y su equipo trabajaban increíblemente rápido. El sofá, la televisión, la mesa del comedor… todo había sido sacado. La casa era ahora solo un eco de paredes desnudas.
—Ya está todo limpio, señora —informó Héctor.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
