“Qué Shock Al Visitar A Mi Amiga En El Hospital Mi Esposo La Cuidaba Retiré Mis Activos Bloqueé… “

—Escúchame bien, Ricardo —continuó Sofía, su tono lleno de poder—. Disfruta del dinero que te queda en la mano porque es el último dinero que vas a tocar en tu vida. No te atrevas a volver a mi casa en La Moraleja. Las cerraduras ya han sido cambiadas y los guardias de seguridad tienen tu foto con la orden de prohibirte la entrada.

—Sofía, espera, ¿podemos hablar de esto? Puedo explicarlo… —suplicó Ricardo. Sus lágrimas comenzaron a caer por puro miedo.

—Explícaselo al juez, Ricardo. Nos vemos en el infierno terrenal que acabo de construir para ti.

Clic. La conexión se cortó.

Ricardo se deslizó hasta el suelo del hospital. Su teléfono se le escapó de las manos. Su mundo se oscureció. Frente a él, Laura seguía gritando histéricamente, lamentando sus bolsos de imitación que habían sido desechados. Pero Ricardo ya no la oía. En sus oídos solo resonaba una frase: “Nos vemos en el infierno terrenal”.

El ambiente dentro del Mitsubishi Montero era silencioso pero tenso. El aire se sentía pesado, como si estuviera lleno de pólvora a punto de estallar. Ricardo conducía con las manos rígidas, aferrado al volante. Su mirada estaba perdida en la autopista que se extendía ante él, mientras su mente era un torbellino de miedo, negación y los últimos vestigios de arrogancia.

A su lado, Laura estaba sentada abrazando sus rodillas. Su rostro seguía pálido. Le habían quitado la vía a la fuerza por petición suya. Decidieron abandonar el hospital a pesar de la prohibición del médico. La razón era simple: su dinero se estaba agotando. De la venta del reloj de Ricardo solo quedaban 800 euros después de pagar los gastos administrativos y la gasolina.

—Cariño, ve un poco más despacio. Me duele la barriga con tanto bache —protestó Laura en voz alta.

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