Cuando el moco adopta un tono blanco, generalmente está relacionado con inflamación en los tejidos nasales. La congestión provoca que se vuelva más espeso y pierda su transparencia habitual. Este cambio es frecuente en los primeros días de un resfriado común, cuando el organismo empieza a responder frente a un virus respiratorio.
El color amarillo suele generar preocupación, pero no siempre implica algo grave. Esta tonalidad aparece cuando el sistema inmune entra en acción. Las células defensivas que combaten microorganismos contienen enzimas que pueden dar ese tono al moco. Es importante destacar que no siempre se trata de una infección bacteriana. De hecho, muchas infecciones respiratorias habituales son de origen viral y pueden presentar esta coloración sin necesidad de tratamientos específicos como antibióticos.
En el caso del moco verde, el proceso es similar al amarillo, pero con mayor concentración de células defensivas. El color más intenso refleja que el organismo sigue trabajando para eliminar el agente que provocó la respuesta. Sin embargo, el tono verde por sí solo no determina la gravedad del cuadro. Numerosos especialistas coinciden en que el color no es un indicador suficiente para decidir el uso de antibióticos, ya que la mayoría de los cuadros respiratorios son virales y se resuelven con el paso de los días.
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