Todas las mañanas me despertaba con náuseas tan fuertes que apenas podía levantarme de la cama. Los médicos hicieron todos los exámenes posibles y no encontraban absolutamente nada malo en mí. Hasta que un extraño en el metro tocó mi collar y me dijo algo que me heló la sangre. Mi nombre es Elena y llevo casada con Marcos 5 años. Pensé que teníamos el matrimonio perfecto. Vivíamos en un apartamento bonito en el centro de la ciudad. Él tenía un trabajo estable como gerente de ventas y yo trabajaba desde casa como diseñadora gráfica.
No teníamos hijos todavía, pero lo habíamos planeado para el futuro cercano. Todo parecía ir exactamente según el plan que habíamos trazado juntos. Pero hace 6 meses mi vida comenzó a desmoronarse de una manera que jamás hubiera imaginado. Y todo empezó con un simple regalo. Fue nuestro quinto aniversario de bodas. Marcos llegó a casa esa noche con una sonrisa enorme y una caja pequeña envuelta en papel dorado. Yo había preparado su cena favorita. Pollo al horno con papas asadas y una ensalada fresca.
Teníamos velas encendidas en la mesa del comedor y había puesto música suave de fondo. Todo era romántico y perfecto. “Feliz aniversario, mi amor”, me dijo mientras me entregaba la caja. Cuando la abrí, encontré un collar hermoso. Era una cadena de plata delgada con un colgante en forma de corazón. El colgante era más grande de lo normal, tal vez del tamaño de una moneda grande y tenía grabados pequeños detalles florales en la superficie. Era realmente precioso. Es hermoso, Marcos, le dije mientras lo sacaba de la caja.
Déjame ponértelo dijo él tomando el collar de mis manos. Se paró detrás de mí y colocó el collar alrededor de mi cuello. Sus dedos rozaron mi piel mientras abrochaba el cierre. Sentí un escalofrío, pero en ese momento pensé que era solo por la emoción del momento. “Te queda perfecto,” murmuró cerca de mi oído. Prométeme que nunca te lo quitarás. Quiero que lo uses todos los días como símbolo de nuestro amor. Me pareció una petición un poco extraña, pero también la encontré dulce y romántica, así que le prometí que lo usaría siempre.
No tenía idea de que esa promesa casi me costaría la vida. Los primeros días todo estuvo bien. El collar era cómodo y me gustaba cómo se veía. Recibí varios cumplidos de amigas y compañeras de trabajo en las videollamadas. Marcos parecía especialmente feliz cada vez que me veía usándolo. Sonreía más, estaba más atento, más cariñoso. Pensé que tal vez estábamos entrando en una nueva fase de nuestro matrimonio, una más madura y profunda. Pero entonces comenzaron los síntomas. Al principio fueron solo náuseas ligeras por las mañanas.
Pensé que tal vez había comido algo malo o que estaba desarrollando intolerancia a algún alimento. Marco sugirió que tal vez estaba embarazada y la idea nos emocionó a ambos. Pero cuando me hice la prueba salió negativa. Las náuseas se empeoraron. Cada mañana me despertaba sintiendo que mi estómago se retorcía. Corría al baño y pasaba media hora allí tratando de no vomitar. A veces lo lograba, otras veces no. Comencé a perder peso porque apenas podía comer en las mañanas.
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