Es lo que veo ahora en las mujeres del refugio que empiezan a reconstruir sus vidas después de escapar de situaciones terribles. Eso es amor. Todo lo demás es solo imitación. Y ahora sé la diferencia. Hay días difíciles todavía, días donde me despierto y por un segundo olvido todo lo que pasó y pienso en llamar a Marcos. Días donde veo a parejas felices en la calle y siento una punzada de tristeza por lo que perdí, o más bien por lo que pensé que tenía, pero nunca existió realmente.
Pero esos días son cada vez menos frecuentes y hay más días buenos ahora. Días donde me río con Sofía. Días donde ayudo a una mujer en el refugio a encontrar la fuerza para dejar a su abusador. Días donde disfruto de estar viva, de poder comer sin náuseas, de poder mirarme en el espejo y ver color en mis mejillas de nuevo. La cicatriz más grande que me dejó todo esto no es física, es emocional y psicológica. Es la pérdida de cierta inocencia, de cierta confianza básica en la bondad humana.
Pero tal vez eso no es del todo malo. Tal vez un poco de precaución saludable es necesaria en este mundo. Lo que sí sé es esto. Si mi historia puede ayudar aunque sea una persona a prestar atención a las señales de advertencia en su propia vida, a cuestionar lo que parece demasiado bueno para ser verdad, a escuchar su instinto cuando algo se siente mal, entonces valió la pena compartirla. Porque ese joyero en el metro me salvó la vida al prestar atención a un detalle que la mayoría de la gente habría ignorado.
Y si mi historia salva aunque sea una vida, estaré pasando ese mismo regalo hacia delante. Así que a cualquiera que esté leyendo esto, presten atención a los pequeños detalles, a su instinto, a las inconsistencias en las historias de las personas, a las señales de advertencia que su cuerpo les está dando. Y si alguien les regala algo y insiste obsesivamente en que nunca se lo quiten, pregúntense por qué. Porque a veces los regalos más bonitos esconden los secretos más oscuros.
Mi vida cambió por completo aquel día en el metro. El día que un extraño tuvo el coraje de hablarme, el día que descubrí que el hombre que dormía a mi lado cada noche me estaba matando lentamente. El día que mi matrimonio perfecto se reveló como la mentira más elaborada que jamás creí, pero sobreviví y esa es mi victoria. Marcos tomó mucho de mí, pero no pudo tomar mi vida.
Y ahora esa vida es completamente mía, libre de sus manipulaciones, libre de su veneno, libre de sus mentiras. Y cada mañana cuando me despierto sin náuseas, cuando me miro en el espejo y veo salud en mis ojos, cuando toco mi cuello desnudo sin ningún collar envenenado, recuerdo que seguir viva es la mejor venganza que podría tener.
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