«¡Quítese eso ahora!», dijo el joyero al ver lo que había dentro del colgante que mi marido me dio…

Solo después del mediodía empezaba a sentirme un poco mejor. “Deberías ir al médico”, me dijo Marcos una mañana mientras me veía salir del baño pálida y temblorosa. “Sí, tienes razón”, respondí. Mi médico de cabecera me hizo un examen completo. Análisis de sangre de orina. revisó mi presión arterial, mi corazón, todo. Los resultados volvieron completamente normales. “No encuentro nada malo, Elena”, me dijo con el ceño fruncido. “Tal vez es estrés. ¿Has estado bajo mucha presión últimamente?” “No más de lo normal”, respondí.

“Bueno, vamos a monitorear la situación. Si los síntomas continúan o empeoran, vuelve a verme. Pero los síntomas no solo continuaron, empeoraron mucho más. Comencé a tener dolores de cabeza constantes. Eran dolores sordos que parecían venir de la parte posterior de mi cráneo y se extendían hacia delante. Tomaba analgésicos, pero apenas ayudaban. También empecé a sentirme cansada todo el tiempo. No importaba cuánto durmiera, siempre me despertaba agotada. Mi piel comenzó a verse diferente también. Estaba más pálida, casi grisácea.

Tenía ojeras profundas bajo los ojos que ningún maquillaje podía ocultar. Mis uñas se volvieron quebradizas y mi cabello empezó a caerse más de lo normal. Marcos parecía genuinamente preocupado. Me llevó a ver a un especialista, luego a otro y después a otro más. Gastamos una fortuna en consultas médicas y pruebas. Me hicieron resonancias magnéticas, tomografías, más análisis de sangre, pruebas de alergias, pruebas de tiroides. Todo salía normal. Es muy frustrante, le dije a Marcos una noche mientras estábamos acostados en la cama.

Me siento horrible, pero nadie puede decirme que está mal. Lo sé, amor, dijo él acariciando mi cabello. Pero vamos a encontrar la respuesta. No te preocupes. Notó que mi mano estaba en el collar, jugando con el colgante, como había desarrollado el hábito de hacer. “Todavía lo usas todos los días”, comentó con una sonrisa. “Claro”, respondí. “Te lo prometí. Eres la mejor esposa del mundo”, dijo besando mi frente. Pero algo en su voz me pareció extraño esa noche.

No podría explicarlo exactamente. Había una nota de satisfacción que no encajaba con la situación. Sacudí la cabeza diciéndome a mí misma que estaba siendo paranoica. Los síntomas me estaban volviendo loca. Pasaron tres meses desde que comenzaron los síntomas. 3 meses de sentirme cada vez peor. Había perdido casi 10 kg. Mis amigos comenzaron a preocuparse. Mi hermana menor, Sofía, me llamó un día llorando. Elena, te ves terrible, me dijo por videollamada. Pareces un fantasma. ¿Qué está pasando? No lo sé, Sofi, respondí honestamente.

Los médicos no encuentran nada. ¿Has considerado que tal vez es algo psicológico, depresión o ansiedad? Los médicos también me preguntaron eso. Me hicieron ver a un psicólogo. Dice que no tengo signos de depresión y de trastornos de ansiedad. Esto es tan raro”, dijo Sofía mordiéndose el labio. “¿Y Marcos, ¿cómo está manejando todo esto? Él ha sido increíble”, admití. Me apoya en todo, me lleva a todas las citas médicas, se asegura de que coma, me cuida cuando me siento mal.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.