“Salvee a Mi Bebé…” — Suplica la Madre Soltera, Pero la Mirada del Millonario lo Cambia Todo

—En una habitación en Lavapiés, cien metros cuadrados divididos entre cuatro familias, baño compartido. No es lugar para un bebé, pero es lo único que puedo pagar.

Alejandro imaginó a esa joven valiente, estudiando de noche con un recién nacido en brazos, trabajando por unos pocos euros la hora, luchando cada día para dar un futuro a su hijo. Una fuerza de ánimo que él, con todos sus millones, no estaba seguro de poseer.

—Carmen —dijo de repente—, cuando Adrián esté bien, ¿qué quieres hacer?

—Terminar la universidad. Ser maestra. Darle a Adrián una vida normal, una casa de verdad, la posibilidad de estudiar.

—¿Y si te dijera que puedes tener todo eso?

Carmen lo miró desconcertada. —No entiendo.

—Trabaja para mí. No sé, como asistente personal. Te pago la universidad, les doy una casa, les aseguro un futuro.

—No puedo aceptar caridad —dijo Carmen, negando con la cabeza.

—No es caridad, es una inversión —respondió Alejandro—. Yo necesito a alguien honesto a mi alrededor. Alguien que me recuerde qué significa luchar por algo importante.

En ese momento, el cirujano salió del quirófano. Su sonrisa lo dijo todo. —El bebé lo logró. Está fuera de peligro.

Carmen se desplomó en los brazos de Alejandro, llorando de alivio. Él la abrazó, sintiendo una satisfacción mayor que cualquier éxito empresarial.

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