Se burlaron de ella en el campamento — luego el comandante quedó congelado al ver el tatuaje en su espalda…
—Olivia, ¿verdad? Entonces, ¿de dónde vienes? ¿Ganaste algún tipo de concurso para estar aquí?
Sus amigas se rieron, una se tapaba la boca como si fuera algo demasiado gracioso para contener. Olivia tomó un bocado, masticó despacio, y alzó la mirada.
—Me inscribí —dijo.
Su voz era seca, una afirmación de hecho, como si dijera el clima. La sonrisa de Madison se apretó.
—Está bien, pero ¿por qué? —insistió ella, inclinándose.
—No gritas exactamente “soldado élite”. Quiero decir, mira todo lo que traes —dijo, agitando una mano despreciativa hacia la camiseta embarrada de Olivia y su cabello castaño simple.
Olivia dejó su barrita de granola sobre el banco y se inclinó lo justo para hacer que Madison se estremeciera.
—Estoy aquí para entrenar —dijo en voz baja—. No para hacerte sentir mejor contigo misma.
Madison se paralizó, sus mejillas enrojeciendo.
—Lo que sea —murmuró, dándose vuelta. —Rara.
El ejercicio de navegación esa tarde fue diseñado como un tipo especial de infierno. Los cadetes debían cruzar una cresta boscosa, mapa en mano, bajo un tiempo estricto; supervivencia del más apto, estilo militar. Olivia se movía sola entre los árboles, su brújula firme, sus pasos silenciosos entre las agujas de pino.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
