Un grupo de cuatro cadetes liderado por Kyle Martínez la vio consultando su mapa bajo un gran roble. Kyle era delgado y ambicioso, del tipo que ha querido desde el día uno arrebatarle el protagonismo a Lance, y veía a Olivia como un blanco fácil para impresionar a sus compañeros.
—Oye, Dora la Exploradora —gritó, su voz rompiendo el silencio del bosque—. ¿Ya estás perdida, o solo andas por ahí recogiendo flores?
Su grupo rió, rodeándola como una manada de lobos olfateando debilidad. Olivia dobló su mapa con dedos deliberados y siguió caminando; pero Kyle no había terminado de actuar para su público. Corrió, arrebató el mapa de sus manos.
—Veamos qué haces sin esto —dijo, arrancándolo por la mitad y arrojando los pedazos al viento con teatralidad. Los demás vitorearon. Olivia se detuvo, sus ojos siguieron los trozos mientras volaban con la brisa.
La miró a Kyle, su rostro completamente neutro, y dijo: «Espero que sepas regresar.» Luego giró y siguió caminando, su paso sin cambio, como si perder el mapa fuera solo otro inconveniente menor. La risa de Kyle flaqueó, pero su grupo siguió mofándose, sus voces resonando entre los árboles.
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