Julián sintió un nudo en la garganta. La mujer que apenas ganaba lo suficiente para sobrevivir se interponía entre sus hijos y la persona que le había prometido amarlo.
Promesas hechas en susurros
Madeline se acercó, con voz baja y cortante.
“Una vez firmados los papeles, todos se van. Esta noche es su última noche bajo este techo”.
Salió de la habitación y la puerta se cerró de golpe tras ella.
Rosa exhaló temblorosamente. Se acercó a la cama y secó suavemente el sudor de la frente de Julián.
“No dejaré que te hagan daño”, susurró. “Pase lo que pase, tú y los niños no pasarán hambre. Lo juro”.
Julián quería hablar. Decirle la verdad.
Pero la verdad necesitaba tiempo.
Planes hechos a ciegas
Abajo, Madeline sacó su teléfono.
"Ven", dijo con dulzura. "Trae al abogado".
Sonrió al terminar la llamada.
No esperaba a que amaneciera.
Llega la traición
Menos de una hora después, la habitación se llenó de desconocidos.
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