“¡Para!”, gritó. “¡Esto no es legal!”
Nathan la apartó de un empujón. Ella cayó al suelo con fuerza.
“Estoy harto de esta criada”, gruñó.
Aparecieron los guardias de seguridad. Hombres en quienes Julián había confiado una vez.
Se obedecieron las órdenes.
Julián fue colocado en una vieja silla de ruedas. Los niños lloraron.
Minutos después, los empujaron hacia la tormenta.
La larga caminata bajo la lluvia
La lluvia lo empapó todo.
Rosa se quitó el suéter y lo envolvió con él.
“Hay una parada de autobús cuesta abajo”, dijo. “Esperaremos allí”.
Avanzó a través del barro y el agua, resbalando, sangrando, sin detenerse.
En el refugio, se arrodilló ante él, calentándole las manos.
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