Se negó a llevar a su esposa discapacitada a la fiesta, diciendo que su presencia sería "vergonzosa".

Cada palabra impactó con precisión.

—Quédate en casa —dijo secamente—. No me esperes despierta. Y no llames.

Salió, dejando a Mara sola en la habitación silenciosa, con el vestido rojo doblado en su regazo como un sueño que ya no le permitían tener.

El Gran Salón resplandecía de opulencia y celebración. Las luces de cristal se reflejaban en los pisos pulidos y las risas se escuchaban con naturalidad entre las copas de champán.

Leo llegó no solo, sino con Sheila, su secretaria, y mucho más. La presentó con confianza como su "compañera", disfrutando de las miradas de aprobación.

“Lo has hecho muy bien, Leo”, dijeron sus compañeros, admirando a Sheila.

—Como es debido —respondió con suficiencia—. Sobre todo cuando estás a punto de convertirte en vicepresidente.

Más tarde en la noche, relajado por el alcohol y el ego, Leo habló con más libertad de la que debería.

“La mejor decisión que he tomado”, dijo con naturalidad a un grupo cercano. “Dejar atrás a mi ex. Un peso muerto. Un lisiado. No podía ayudar en casa, no podía ayudar en ningún sitio. Escapé justo a tiempo”.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.