Se negó a llevar a su esposa discapacitada a la fiesta, diciendo que su presencia sería "vergonzosa".

¿M-Mara...? —susurró Leo. Se puso pálida como el papel

Su secretaria, Sheila, soltó el brazo de Leo. "¡¿Esa es tu esposa?! ¡¿Dijiste que estabas divorciado?! ¡¿Es la dueña?!"

Mara siguió corriendo con su silla de ruedas hasta el centro del escenario. El director ejecutivo le entregó el micrófono con gran respeto.

Todo el salón de baile estaba en silencio.

“Buenas noches”, saludó Mara. Su voz rebosaba fuerza. “A muchos de ustedes no los conozco. Porque a menudo, la gente como yo… se esconde. Les da vergüenza. Los llaman 'cargas'”.

Mara miró directamente al lugar de Leo.

Había un empleado aquí que me dijo hace un momento que no era apto para esta fiesta porque no aguantaba. Que su imagen se arruinaría si lo acompañaba un lisiado.

La gente murmuraba: "¿Quién es ese? ¡Es el peor!"

—Señor Leo Velasco —dijo Mara, llamándolo por su nombre—. Por favor, suba al escenario.

A Leo le temblaban las rodillas. Todas las miradas estaban puestas en él. No tenía elección. Subió al escenario, sudando profusamente.

Mientras se acercaba, intentó sonreír.

¡Caramba! ¡Estás aquí! ¿Es una sorpresa? ¡Te quiero! Leo estaba a punto de abrazar a Mara y besarla para animarla.

¡PAAAAAAK!

Una fuerte bofetada cayó sobre la cara de Leo. Resonó por todo el salón de baile.

"No me toques", dijo Mara con frialdad

“Mara…” Leo le sostuvo la mejilla.

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