Seis semanas después de que Mason nos empujara a mí y a nuestro recién nacido a una ventisca cegadora, aún podía oír sus últimas palabras resonando en mi mente: "Lo lograrás. Siempre lo logras". Y ahora aquí estaba, de pie en el fondo de su brillante boda: luces doradas, risas a todo volumen, copas tintineando como si nada se hubiera roto. Mi bebé dormía contra mi pecho, cálido y pesado, y en mi mano, un sobre sellado me quemaba la palma como una brasa. Cuando Mason me vio, su sonrisa se quebró. La máscara del esposo perfecto se desvaneció por un segundo, lo justo para que viera el pánico en sus ojos. Se inclinó hacia mí, con la mandíbula apretada. "¿Qué haces aquí?", siseó, sin atreverse a levantar la voz. No me moví. Simplemente acerqué a mi bebé y susurré, lo suficientemente suave para que solo él lo oyera: "He venido a devolverte lo que 'olvidaste'... y a recuperar lo que me robaste". Y en ese preciso instante, la música se detuvo.

"Me convierte en madre", respondí, meciendo a Noah, que gemía. "Y te convierte en un hombre responsable". El rostro de Sloane se endureció, volviéndose gélido.

“Me dijiste que era ‘inestable’”, susurró. “Me dijiste que este bebé no era tuyo”.

Los ojos de Mason buscaron una salida, una puerta, una vía de escape que no lo destruyera.

“Sloane, escucha…”

Pero Diane no había terminado. Levantó un segundo documento. “Y este”, añadió, “es el acuerdo de indemnización que le impuso durante su embarazo, con una cláusula que conlleva sanciones por mala conducta hacia un empleado”.

Mason se estremeció.

“¿Empleado?”

Levanté la barbilla.

“Trabajaba para su empresa. En su oficina. Y se aseguró de que lo perdiera todo en cuanto me embaracé”.

Los invitados miraron a Mason como si lo vieran por primera vez: sin traje, sin palabras, sin fachada.

Sloane retrocedió un paso, como si el toque de Mason le quemara.

Y Mason comprendió, por fin: ya no controlaba la sala.

Intentó un último reflejo: convertir su ira en un arma. Alzó la voz, lo justo para parecer indignado.

"¡Miente!", exclamó. "Vino a extorsionarme". "Está obsesionada".

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