“¡Señor, esos gemelos están en el orfanato!” reveló el niño pobre al millonario de luto…

Nada de eso los alejará de nosotros. Solo es necesario para que todo esté claro. Santiago lo miró sin comprender del todo, pero no retrocedió. Matías respiró hondo y volvió a acomodarse en el brazo de su hermano. Lucía posó una mano en el suelo cerca de ellos, sin tocar a ninguno. “Vamos a quedarnos cerca”, dijo con voz cálida. “No tenemos prisa.” La calma en su tono ayudó a que el ambiente se suavizara. Era evidente que los niños no estaban acostumbrados a que alguien conversara con ellos de esa manera, sin órdenes ni temores.

Victor los observó unos segundos y sintió un impulso de protegerlos que le llenó el pecho. Ese sentimiento lo sostuvo cuando la directora apareció en la puerta del pasillo con un sobre en la mano. “Aquí está todo lo necesario”, anunció. Victor tomó los documentos. Eran varios formularios, una declaración provisional, un reporte del estado del orfanato y un resumen de la situación de los niños. “Voy a presentar esto hoy”, dijo él. “No podemos esperar.” Lucía asintió. Sabía que esos papeles eran el primer paso hacia la estabilidad.

El trámite no sería sencillo. Al llegar a la oficina correspondiente, Victor notó la larga fila, el ambiente tenso y la enorme cantidad de personas buscando resolver asuntos antes de cierres de año. Aún así, no se retiró. Se quedó de pie con los documentos bajo el brazo y la convicción firme. Cuando llegó su turno, explicó la situación con la mayor claridad posible. La funcionaria, una mujer serena acostumbrada a escuchar historias difíciles, leyó los papeles con detenimiento. “Los documentos del orfanato están muy incompletos”, observó.

“Lo sé”, respondió Victor. “por eso vine enseguida. Necesito abrir un expediente real y declarar la identidad de mis hijos.” La funcionaria revisó nuevamente. “¿Puedo iniciar el proceso?”, dijo al fin. Pero debo advertirle que con la inspección cercana podría haber verificaciones adicionales. Victor se mantuvo firme. Lo que sea necesario. Solo necesito que conste que son mis hijos y que estoy aquí por ellos. La funcionaria asentó. Haré el registro preliminar hoy mismo. Ese paso, aunque pequeño en apariencia, representaba un avance monumental.

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