“¡Señor, esos gemelos están en el orfanato!” reveló el niño pobre al millonario de luto…

Puedo elaborar un acta complementaria, respondió la directora. Será mejor que no haya vacíos cuando llegue la supervisión final del cierre. Victor sintió un leve sobresalto. Supervisión. ¿Cuándo será eso? La mujer lo miró con una expresión de preocupación. Se esperaba para la próxima semana. Pero me informaron que podría adelantarse. Quizá en uno o dos días están acelerando todos los cierres pendientes. Ese adelanto abrupto complicaba el panorama. Una inspección formal significaba revisión de documentos, entrevistas y control de cada movimiento.

Y con registros tan incompletos, el riesgo de que los niños fueran derivados nuevamente a un sistema provisional era real. Victor cerró la carpeta con determinación. Necesito iniciar el proceso ahora mismo. La directora asentó. Le prepararé los formularios de declaración para que pueda presentarlos hoy mismo ante la oficina correspondiente. Si logramos dejar constancia de su identidad y parentesco antes de la inspección, será más sencillo. Victor agradeció el gesto. Aunque el lugar estuviera desorganizado, la directora mostraba disposición para corregir el desorden administrativo.

Mientras los documentos se preparaban, Victor volvió con la familia. Encontró a Lucía sentada junto a los gemelos. Ella hablaba despacio, contándoles cosas que no exigían respuesta, solo acompañamiento. Emiliano permanecía cerca, atento a cualquier reacción de los niños. Santiago parecía escuchar más de lo que demostraba. Matías, aunque aún recostado en su hermano, seguía de vez en cuando los movimientos de Lucía con sus ojos grandes y curiosos. Victor se acercó y se sentó en el suelo sin presionar. Tenemos que resolver algunos papeles, explicó.

Nada de eso los alejará de nosotros. Solo es necesario para que todo esté claro. Santiago lo miró sin comprender del todo, pero no retrocedió. Matías respiró hondo y volvió a acomodarse en el brazo de su hermano. Lucía posó una mano en el suelo cerca de ellos, sin tocar a ninguno. “Vamos a quedarnos cerca”, dijo con voz cálida. “No tenemos prisa.” La calma en su tono ayudó a que el ambiente se suavizara. Era evidente que los niños no estaban acostumbrados a que alguien conversara con ellos de esa manera, sin órdenes ni temores.

Victor los observó unos segundos y sintió un impulso de protegerlos que le llenó el pecho. Ese sentimiento lo sostuvo cuando la directora apareció en la puerta del pasillo con un sobre en la mano. “Aquí está todo lo necesario”, anunció. Victor tomó los documentos. Eran varios formularios, una declaración provisional, un reporte del estado del orfanato y un resumen de la situación de los niños. “Voy a presentar esto hoy”, dijo él. “No podemos esperar.” Lucía asintió. Sabía que esos papeles eran el primer paso hacia la estabilidad.

El trámite no sería sencillo. Al llegar a la oficina correspondiente, Victor notó la larga fila, el ambiente tenso y la enorme cantidad de personas buscando resolver asuntos antes de cierres de año. Aún así, no se retiró. Se quedó de pie con los documentos bajo el brazo y la convicción firme. Cuando llegó su turno, explicó la situación con la mayor claridad posible. La funcionaria, una mujer serena acostumbrada a escuchar historias difíciles, leyó los papeles con detenimiento. “Los documentos del orfanato están muy incompletos”, observó.

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