3. Errores y arrepentimientos del pasado
Muchos padres creen que contar errores graves del pasado sirve de lección. Sin embargo, no siempre es así. Algunas confesiones pueden romper la imagen de referencia y respeto que los niños necesitan para sentirse seguros.
Algunas historias ya han cumplido su propósito. No todo el aprendizaje necesita ser verbalizado.
4. Sueños incumplidos
Compartir un sueño profundo —un viaje, un proyecto largamente esperado, un deseo personal— puede exponerte a respuestas prácticas, frías o desalentadoras que apagan tu entusiasmo.
Algunos sueños necesitan silencio para crecer. Protegerlos es una forma de cuidarte.
5. Miedos al futuro
Hablar constantemente del miedo a envejecer, a la enfermedad o a la dependencia puede hacer que tus hijos te perciban como frágil, incluso cuando aún eres fuerte.
Mostrar serenidad no significa negar tus miedos, sino procesarlos en entornos adecuados, sin transferir esa carga emocional a quienes te quieren.
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