Tras la muerte de una pareja, el silencio pesa mucho. Las comidas solitarias, las noches largas y las mañanas sin compañía pueden crear la tentación de aislarse del mundo.
El problema es que el aislamiento prolongado no protege el amor ni honra la memoria de un ser querido. Solo alimenta la tristeza y debilita el ánimo.
La vida no ha terminado: ha cambiado de forma. Mantener el contacto con otras personas, hablar, compartir un café, participar en actividades o grupos sociales ayuda a mantener el corazón abierto.
Honrar a quien ha fallecido no significa desaparecer en la tristeza, sino seguir viviendo con propósito.
3. No ceda el control de sus finanzas
Tras una pérdida, muchos adultos mayores comienzan a depender económicamente de sus hijos o familiares. A veces, empieza con pequeños favores: alguien paga una factura, se encarga del papeleo o administra el dinero.
Pero cuando se pierde la independencia financiera, también se pierde la capacidad de tomar decisiones con libertad.
Mantener el control de las pensiones, los ahorros, los seguros y las cuentas es una forma de respetarse a sí mismo y a la vida que construyó con su pareja.
Buscar asesoramiento profesional es válido. Ceder el control total por miedo o tristeza puede acarrear problemas difíciles de revertir.
4. No se mude precipitadamente a casa de un familiar
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