“Solo quiero curar a Mateo. Yo llevaré la maleta”, dijo Alejandro tomando el asa de plástico barato con su mano libre, esa mano que solía firmar cheques millonarios. Y así la extraña procesión comenzó el regreso cuesta arriba. Un millonario arrastrando una maleta vieja, una niñera cojeando con el uniforme manchado de sangre y dos niños heridos pero victoriosos. caminaban hacia la mansión, donde Valeria esperaba segura de su triunfo, sin saber que la sentencia de su propio destino acababa de ser dictada en el asfalto caliente de la calle.
La frase que lo cambió todo, el camino de regreso por la entrada de Adoquines se sentía diferente bajo los pies de Alejandro. 10 minutos antes había recorrido esa misma distancia corriendo como un loco, impulsado por el miedo a la muerte física de sus hijos. Ahora caminaba lento, cargando el peso de una muerte espiritual que había estado ocurriendo bajo su propio techo, sin que él se diera cuenta. El sonido de la maleta azul rodando era el único ruido en el aire, pero esta vez era él quien tiraba de ella.
Un millonario, dueño de un conglomerado internacional, arrastrando una maleta de mercadillo con una rueda rota, mientras su otra mano sostenía con firmeza la mano pequeña y pegajosa de Lucas. Clara caminaba a su lado cojeando visiblemente. La caída le había lastimado la cadera más de lo que admitía, pero no se quejaba. Llevaba a Mateo en brazos, quien había dejado de llorar, y ahora descansaba su cabeza sobre el hombro de la niñera, chupándose el dedo sano, buscando ese consuelo primitivo que solo ella sabía darle.
Alejandro miró de reojo a Clara. vio el perfil de su rostro limpio de maquillaje, marcado por el sol y el cansancio, pero irradiando una dignidad que Valeria, con todos sus tratamientos de belleza y joyas, jamás tendría. Lucas rompió el silencio Alejandro, su voz ronca rascando su garganta. ¿Por qué no me lo dijeron antes? ¿Por qué esperaron hasta hoy para decirme que Valeria, que ella era mala con ustedes? Lucas, caminando al lado de su padre, bajó la vista hacia sus zapatos deportivos manchados de tierra del jardín.
Apretó la mano de su padre, pero no con fuerza, sino con resignación. “Porque tú la quieres, papá”, dijo el niño con una lógica aplastante y dolorosa. “Tú siempre sonríes cuando ella entra al cuarto y cuando nosotros decimos algo, tú dices que estamos cansados o que somos malcriados.” Alejandro sintió una punzada en el estómago. La culpa era un ácido corrosivo. Yo yo pensé que ella intentaba educarlos, murmuró Alejandro, más para sí mismo que para el niño. Pensé que era estricta porque quería que fueran hombres de bien.
Ella no nos educa, papá. Intervino Mateo desde los brazos de Clara. Levantó la cabeza y sus ojos, idénticos a los de su madre fallecida, se clavaron en Alejandro. Ella nos odia. Nos dice que somos un error. Alejandro se detuvo en seco a mitad del camino. El sol de la tarde proyectaba sombras largas sobre el césped impecable. Soltó la maleta y se giró para quedar frente a Clara y sus hijos. Necesitaba entender la magnitud del abismo al que casi arroja a su familia.
¿Qué más les hace?, preguntó Alejandro temiendo la respuesta, pero necesitando escucharla para terminar de despertar. Quiero saberlo todo ahora. Clara intentó intervenir protectora. Señor, no es el momento. Los niños están heridos y es el momento, Clara. La interrumpió Alejandro, pero esta vez sin ira, con una suavidad urgente. Necesito saber a quién metí en mi casa. Mateo respiró hondo, su pequeño pecho inflándose con un soyozo contenido. Miró a Clara como pidiendo permiso y ella asintió levemente, acariciándole la espalda.
Cuando tú vas a trabajar, empezó Mateo con voz temblorosa, nos encierra en el cuarto de juegos, nos quita los juguetes y dice que hacemos mucho ruido. Si lloramos, nos sube el volumen de la música para no oírnos y nos pellizca, agregó Lucas levantando la manga de su camisa rota. Allí, en la piel suave de su brazo, había pequeños moretones, marcas violáceas en forma de dedos, viejas y nuevas. nos pellizca aquí, donde la ropa tapa para que tú no lo veas.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
