Y Alejandro no tiene paciencia. Él es un hombre de negocios, no de pañales ni de consuelos nocturnos. Valeria se inclinó hacia el oído de Clara, bajando la voz hasta convertirla en un siseo venenoso. ¿Quieres saber qué va a pasar ahora que cruces esa puerta? Mañana mismo, a primera hora, Lucas y Mateo se van. Se van. ¿A dónde? El corazón de Clara comenzó a latir desbocado. A un internado en Suiza reveló Valeria con una sonrisa cruel. Un lugar muy estricto, muy lejos, donde enseñan disciplina y donde no molestan.
Ya tengo los papeles listos en el despacho de Alejandro. Solo necesitaba una excusa para que él firmara sin pensarlo dos veces. Y tu robo, querida, fue la excusa perfecta. El estrés del robo, la decepción. Esta noche, cuando esté agotado y furioso, le diré que la única solución para que los niños estén seguros y bien educados, lejos de la influencia de criadas ladronas, es el internado y él firmará. El mundo de Clara se detuvo, Suiza, lejos de su padre, lejos de su hogar, lejos del único amor que conocían.
Lucas y Mateo, tan pequeños, tan sensibles, morirían de tristeza. Lucas tenía pesadillas si no le dejaban una luz encendida. Mateo era alérgico a las nueces y nadie más que ella sabía revisar bien las etiquetas. “¿Es usted un monstruo?”, gritó Clara, olvidando su posición, olvidando el miedo. La furia de una madre leona se apoderó de ella. Clara intentó pasar por encima de Valeria para regresar a la biblioteca. Tenía que decírselo a Alejandro. Tenía que gritarle la verdad, aunque la arrastraran fuera.
Don Alejandro, don Alejandro, escúcheme, gritó Clara con todas sus fuerzas, su voz rebotando en las paredes altas. Pero Valeria fue más rápida. Con una fuerza sorprendente, empujó a Clara hacia la puerta abierta. Y en ese instante, Alejandro apareció al final del pasillo saliendo de la biblioteca. Don Alejandro, suplicó Clara aferrándose al marco de la puerta. No es por el reloj. Ella quiere enviar a los niños a un internado. Los odia. Por favor, escúcheme. Alejandro se detuvo. Su rostro era una máscara de piedra y decepción.
miró a Clara deshecha, gritando cosas que para él no tenían sentido. Y luego miró a Valeria, quien inmediatamente adoptó una postura de víctima asustada, llevándose la mano al pecho. “Alejandro, por Dios!”, gritó Valeria con voz temblorosa. “Está desequilibrada, me está amenazando. Dice que se llevará a los niños. La mentira fue el golpe final.” Alejandro endureció la mandíbula. No escuchó la advertencia sobre el internado, solo escuchó los gritos de una mujer a la que acababa de despedir por robo.
“Lárgate de mi casa”, bramó Alejandro señalando la salida con un dedo imperativo. “Y no vuelvas nunca, señor, sus hijos. No deje que se los lleven”, gritó Clara una última vez con lágrimas quemándole los ojos. Alejandro avanzó con pasos largos y furiosos. Clara, instintivamente retrocedió hacia el porche. Alejandro llegó a la puerta y sin una pisca de duda, sin un segundo de vacilación, la cerró. Blam! El sonido de la puerta de roble macizo cerrándose fue definitivo. Fue el sonido de una vida rompiéndose.
Clara escuchó el golpe seco del cerrojo automático activándose desde adentro. se quedó allí de pie en el porche inmenso frente a la puerta cerrada. El silencio del barrio rico la envolvió de nuevo. Estaba sola. Había fallado. Miró sus guantes amarillos, símbolos de su servicio y ahora de su desgracia. agarró su maleta con una mano que parecía no tener fuerza y comenzó a bajar los escalones de la entrada, arrastrando los pies, arrastrando el alma, mientras el plan de Valeria comenzaba a ejecutarse dentro de aquella fortaleza de mentiras, la fuga de los gemelos.
20 minutos después, el autobús escolar amarillo frenó con un chirrido neumático frente a la mansión. Las puertas se abrieron y bajaron dos pequeñas figuras idénticas. Lucas y Mateo. Venían felices. Lucas traía en la mano una hoja de papel arrugada con un dibujo hecho con crayones. Eran ellos dos, su papá y Clara, todos tomados de la mano bajo un sol gigante y sonriente. Mateo traía una flor aplastada que había arrancado del jardín del colegio. Un regalo para su clara.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
