“Lo siento, Lauren.”
“Lo sé”, respondió ella. “Y te perdono. No por ti… por mí.”
Se levantó y se fue, dejándolo solo con su silencio.
Seis meses después, Mia tocó la campana de apertura de la Bolsa de Valores de Nueva York cuando Reynolds Engineering salió a bolsa. Lauren estaba a su lado, radiante con un traje.
Blanca. Los flashes brillaron, los titulares se descontrolaron, pero ella solo tenía ojos para una persona: su hija y su sonrisa.
Porque el verdadero éxito no se trataba del contrato.
Se trataba del coraje para reconstruirlo todo cuando todo se derrumba.
Y cuando Michael se fue...
ella no se derrumbó.
Construyó un imperio.
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