Solo era un padre humilde que encontró una cartera en el estacionamiento. Nunca imaginó que devolverla lo llevaría directo a un tribunal. Ni que la justicia, esta vez, no venía a castigarlo, sino a cambiarle la vida.

Esa noche, mientras la niña dormía, Julián se sentó en el pequeño balcón. El barrio estaba lleno de ruidos: motos, voces, radios prendidos. Pensó que, al menos por ese día, había hecho algo bien.

A la mañana siguiente, un golpe seco en la puerta lo sobresaltó.

Un mensajero le entregó un sobre oficial.

TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA DEL ESTADO DE PUEBLA

El estómago de Julián se cerró.

Lo abrió con manos temblorosas. Era una citación judicial. Tenía que presentarse al día siguiente.

Firmaba:

Lic. Mariana Salgado Ríos
Jueza de lo Familiar

Recordó de inmediato la credencial dentro de la cartera.

La misma mujer.

—Papá… —dijo Lupita desde el cuarto—. ¿Por qué estás pálido?

Julián dobló el papel y lo guardó.

—Nada, mija. Solo… cosas de adultos.

Pero esa noche no durmió.

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