Hablaron de Lupita, de lo difícil que era criar solo.
Hablaron del trabajo, de los turnos largos, del cansancio.
Hablaron de la vida, de esas decisiones pequeñas que nadie ve, pero que definen quién es uno cuando nadie está mirando.
Julián no se dio cuenta en qué momento dejó de sentirse tan fuera de lugar.
Días después, recibió otra citación.
Esta vez, no sintió miedo.
Mariana lo recibió con la misma seriedad, pero con algo distinto en la mirada.
—No lo llamé para agradecerle otra vez —dijo—. Lo llamé porque quiero ofrecerle una oportunidad.
Julián la miró, sin entender.
—Un trabajo dentro de un programa comunitario del tribunal —continuó—. Horario fijo. Ingreso estable. Un trabajo digno.
Hizo una pausa y añadió:
—Porque personas como usted sostienen este país todos los días… aunque casi nadie las vea.
Julián no pudo responder de inmediato.
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