Las lágrimas le nublaron la vista. No lloraba por el dinero. Lloraba por el alivio. Por la posibilidad de cumplir promesas. Por su hija.
—Gracias —alcanzó a decir—. Gracias de verdad.
Aceptó.
Y una semana después, por primera vez, estaba sentado en primera fila en el festival escolar de Lupita. La música folklórica llenaba el patio, los colores se movían al ritmo del baile. Cuando ella lo vio entre el público, sus ojos se iluminaron y su sonrisa fue más grande que nunca.
En ese instante, Julián entendió algo que jamás olvidaría:
La vida sí devuelve lo que uno da.
No siempre en dinero.
A veces, en justicia.
A veces, en esperanza.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
