Charles se había ido.
El banco había cambiado.
Las becas se ampliaron. Las políticas se reescribieron.
Margaret continuó visitando, no para consultar saldos, sino para entrevistar a estudiantes.
Había demostrado algo duradero:
La verdadera riqueza no es lo que acumulamos.
Es lo que usamos para ayudar a los demás.
Y ese día, en un vestíbulo de mármol, triunfó la dignidad.
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