Su ex la invitó a su boda para humillarla, pero ella lo dejó en shock. La invitación llegó como una burla. Él quería verla derrotada, humillada frente a todos. Pero lo que nadie imaginaba era que ella no vendría a llorar, vendría a brillar. Porque a veces quien más te quiso destruir acaba siendo quien más te envidia.
Cuéntanos qué hora es allá mientras ves esta historia y no olvides suscribirte para más relatos que tocan el alma y hacen justicia. El sol caía implacable sobre el edificio de cristal de constructora Valverde. Alejandra apretó el sobre blanco contra su pecho mientras el ascensor subía al piso 15. Su corazón latía desbocado. Hoy cambiaría su vida para siempre. La recepcionista levantó la vista de su computadora. Adelante, señorita Mendoza.
El señor Valverde está esperando. Con manos frías, Alejandra tocó la puerta de madera oscura. Pasa. La voz de Sebastián sonaba cortante como hielo. La oficina resplandecía con luz natural. Los enormes ventanales mostraban San Diego como un reino a sus pies.
Sebastián, impecable en su traje gris, ni siquiera apartó la mirada de sus documentos. ¿Qué necesitas? Estoy ocupado con el proyecto Montero. Alejandra respiró hondo. Las palabras que había ensayado toda la noche se escondieron en su garganta. Necesito hablar contigo de algo importante. Él soltó los papeles con fastidio. No puede esperar. Tengo una junta en 15 minutos. No. Alejandra avanzó hacia el escritorio. Es personal.
Sebastian señaló la silla frente a él con un gesto seco. Siéntate, tienes 5 minutos. Alejandra prefirió quedarse de pie, sacó del bolso el sobre blanco y lo colocó sobre la mesa de Caoba. Estoy embarazada. El aire se congeló entre ellos. Sebastián miró el sobre como si contuviera veneno.
¿Qué es esto? La prueba del laboratorio. Seis semanas. Sebastián se levantó despacio, caminó hasta la ventana y contempló la ciudad en silencio. “¿Y supones que yo soy el padre?” Las palabras golpearon a Alejandra como bofetadas. “¿Cómo puedes preguntar eso? Sabes perfectamente que solo he estado contigo.” Sebastián se giró. Su rostro había cambiado.
Ya no era el hombre que susurraba palabras dulces en su oído. Este hombre tenía la mirada fría y la boca cruel. Vamos, Alejandra, no soy idiota. Conozco bien estas trampas. Trampas. La voz de Alejandra se quebró. El viejo truco del embarazo. Secretaria se acuesta con el jefe, queda embarazada y de repente quiere casa, carro y pensión.
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